domingo, 8 de julio de 2012

COLECCIONABLES: LAS VÍCTIMAS DE MOBBING Y EL EXCESIVO AMOR PROPIO.



Las víctimas de mobbing (1)

Todos los expertos que han venido estudiando el mobbing desde Leymann son unánimes al describir a la víctima como: personas con un alto sentido de la justicia, de la responsabilidad y su gran capacidad de trabajo, entre otros.

Pero, no es menos cierto que esas cualidades muchas veces se convierten en sus puntos débiles: propician ser una víctima y el hostigador lo sabe.

Por ese alto sentido de la responsabilidad que se traduce en muchos casos en: no dejar el trabajo sin hacer.. manteniéndose al pié del cañón aún cuando su resistencia sicológica haya desbordado los límites.

Y si hay algo que perjudica a las víctimas, y desgraciadamente  por experiencia propia lo conozco, es su elevado amor propio, - por mi dignidad, solemos decir, que les obliga o nos obliga a mantenernos en pie, pese a estar heridos y heridas de muerte en el campo de batalla.

Cuando la víctima pide ayuda, cuando se acerca a las asociaciones  ya está en las últimas de su salud mental.

Ha recorrido un tortuoso y largo camino y lo que es peor, en soledad.

Entonces lo primero que aconsejamos es una baja laboral para su recuperación y la respuesta es casi siempre la misma: 

– No.  No quiero que piensen que han ganado ellos
.. No les quiero dar esa satisfacción.

Es el amor propio de la víctima que no admite su derrota.

Resistencia tontorrona, porque queramos o no, en  ese momento cuando hemos recurrido a la química para curar los estragos sicológicos o los daños físicos a través de los que somatizamos, es cuando  estamos ya derrotados pero, forzamos la máquina y forzamos una salud de hierro que es solamente una ficción.  Y continuamos aparentando que todo está bien.

La realidad es que nos  estamos desarmando.  Estamos agotando todas nuestras energías vitales, esas que nos harán falta más tarde para conseguir la victoria delante de un Juez por ejemplo o, para rehacer nuestras vidas personales y profesionales en el momento en que nos decidamos a dar carpetazo.

Muchas veces, en el fondo, pensamos que mantenernos en pié a pesar de que perdemos sangre, mucha sangre por la herida, les estamos dando una lección al hostigador y a suclan.  Nada más lejos. 

Ellos no están pensando en nosotros, en nuestra valentía o en nuestra fortaleza síquica.  Ellos están a otra cosa, están preparando su próximo golpe, el que puede ser  el definitivo, el que termine con lo poco que nos queda de salud.  Ocupados en esto no tendrán tiempo para las alabanzas a nuestra gran dignidad.

Debemos saber retirarnos a tiempo y pensar que es algo temporal, que será por el tiempo justo para recuperar la sangre perdida.  El tiempo justo  para poder ganar la guerra.

Es imprescindible eso si, que durante ese tiempo nos pongamos en manos de los especialistas que nos ayuden a recuperarnos y nos proporcionen técnicas de afrontamiento para cuando volvamos al centro de trabajo o al infierno que es lo mismo.

La serenidad de espíritu es la que nos permitirá dar pasos seguros además de proveernos de lo necesario para nuestro viaje hacia la justicia.

Es el tiempo el que da la perspectiva y la perspectiva a su vez,  nos permite ver más allá del problema, es decir, las soluciones posibles y que las decisiones que tomemos sean las que más se ajusten a la realidad.

Las heroicidades, en estos casos, las justas.  Los héroes para el cómic y los mártires para la Iglesia.

EVA VENTÍN LORENZO
Despacho laboralista.